La base
Principios básicos de la equinoterapia
Por qué funciona el caballo, explicado sin misterio. Son seis mecanismos concretos, y todos actúan a la vez en cada sesión.
Impulsos rítmicos
La marcha tridimensional genera impulsos rítmicos en el cuerpo de quien va montado, que regularizan el tono muscular y desarrollan un movimiento coordinado. Estos impulsos funcionan como activadores neuronales, positivos para el desarrollo de procesos cognitivos y físicos.
Marcha tridimensional
Al paso, el dorso del caballo emite un movimiento tridimensional similar a la marcha humana. Este movimiento tan completo mejora la postura del jinete, lo que hará que la atención y otros muchos procesos cognitivos se ejecuten de manera más efectiva. Además, ayuda al desarrollo de la musculatura y del movimiento corporal.
Transmisión de calor
La temperatura corporal del caballo es de 38,5 °C, lo que produce una transmisión de calor hacia la persona. Ese fenómeno calienta la musculatura del jinete, la relaja, aumenta el flujo sanguíneo y estimula la sensoriopercepción táctil. Además, provoca una sensación de seguridad y tranquilidad.
Deporte
El simple hecho de estar subido a un caballo ya es ejercicio físico. Puede ir desde un paseo tranquilo hasta el alto rendimiento en cualquier disciplina de la equitación. Y el ejercicio físico significa, en muchos sentidos, bienestar.
Bienestar
El contacto con el caballo, el movimiento y el entorno natural producen bienestar físico y emocional. Montar a caballo no es una actividad cualquiera: estás con un caballo. Las ganas, la motivación y la fuerza que aporta la equitación son uno de sus mayores beneficios. Sentirse capaz de dirigir a un caballo, percibir que te escucha, cuidarlo… ahí está la clave de sentirse bien a través del caballo.
Vínculo emocional
La relación que se establece con el caballo es una parte fundamental de la intervención. El sistema límbico, encargado entre otras cosas de la empatía, está muy desarrollado en los caballos: son muy sensibles a lo que siente otro caballo, y también a lo que siente una persona. El caballo puede contagiarse de las emociones del jinete y viceversa, y eso crea un vínculo afectivo que hace que el entorno sea positivo y seguro.